Hoy ha sido uno de esos días que se quedan grabados en el corazón. En Sarrià Colive hemos celebrado una gran paella comunitaria que no solo ha reunido a todos nuestros colivers, sino que también ha abierto nuestras puertas a personas externas que, al final del día, ya parecían parte de la familia.
El aroma de la paella, el bullicio de las conversaciones y las risas compartidas han tejido una atmósfera cálida y sincera. Ha sido más que una comida: ha sido un puente, un punto de encuentro donde se han roto barreras y se ha fortalecido el sentido de pertenencia.
Durante la comida, se respiraba alegría. Las charlas fluyeron con naturalidad entre personas que hasta hace poco eran desconocidas. Hubo momentos de conexión real, historias compartidas, bromas espontáneas y una energía que solo puede surgir cuando todos se sienten en casa. La comida, deliciosa y generosa, sirvió de excusa para algo mucho más grande: construir comunidad.
Lo más hermoso ha sido ver cómo, después de comer, los colivers se han reunido espontáneamente junto a la piscina. Esa imagen, con todos relajados, hablando, riendo y compartiendo como una verdadera comunidad, ha sido el colofón perfecto para el día. En medio de esas conversaciones, uno de los colivers, llevado por la emoción del momento, se lanzó a la piscina y salpicó a todo el grupo que estaba reunido en la orilla. Lejos de molestar, las risas se multiplicaron. Fue un instante de alegría pura y genuina, de esos que no se planifican pero que quedan marcados como símbolo de una convivencia sana, alegre y llena de vida.
Para mí, como anfitrión y responsable de este proyecto, ha sido profundamente conmovedor. Ver a los chicos conectando entre ellos, generando vínculos reales y disfrutando del espacio como si fuera su hogar, me ha recordado por qué comenzamos este sueño. Sarrià Colive no es solo una casa; es un lugar para vivir, crecer y compartir. Y días como este nos lo confirman.




Gracias a todos los que formáis parte de esta familia. Y a quienes llegasteis por primera vez hoy, las puertas siguen abiertas. Porque cuando compartimos desde el corazón, la comunidad florece.
Hasta la próxima. Y que nunca falte una buena paella para unirnos.


